La Luna anda por las calles, bañadas
por su gélido reflejo, de casa
en casa, le dije: Señora pasa,
añoraba tus frías olëadas.
Dentro, la invite a mi cüento de hadas,
la pregunté: vez lo qué me arrasa,
notas cómo despacio se descompasa,
la soledad y el tiempo son aliadas.
Me cogió de la mano y nos quedamos,
querïendo ser lo que nunca he sido,
soñando lo que un día fuimos
y divisando todo lo sufrido,
aquellos tïempos lejísimos
hasta el presente vivido.
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